Pobreza e indigencia vuelven a subir y marcan un cambio de tendencia
La pobreza alcanzó al 32,3% de la población en el primer semestre de 2026, según el Indec, mientras la indigencia llegó al 7,5%. El deterioro alcanza especialmente a la infancia. Mediciones alternativas ubican la pobreza entre el 40% y el 44,9%, según las correcciones metodológicas aplicadas.
Los indicadores sociales registraron un nuevo deterioro durante el primer semestre de 2026. Según los datos oficiales del Indec citados en el texto, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, frente al 28,2% registrado a fines de 2025. Esto implica un aumento de 4,1 puntos porcentuales y representa, de acuerdo con la estimación presentada, alrededor de 15 millones de personas.
La indigencia también aumentó: pasó del 6,3% al 7,5%, lo que supone unos 3,5 millones de personas que no alcanzan a cubrir el costo de una canasta básica alimentaria. El incremento equivale a alrededor de medio millón de personas respecto del cierre de 2025.
Uno de los datos más sensibles aparece entre los menores de 14 años. Allí, la pobreza llegó al 44,5%, por encima del promedio nacional y del 41,3% registrado a fines del año pasado. El dato vuelve a colocar a la infancia como uno de los sectores más afectados por la vulnerabilidad económica.
Una familia tipo necesitó $1.440.395 para superar la línea de pobreza y $669.098 para no quedar por debajo de la línea de indigencia.
A la presión de los precios se suma, según el análisis presentado, el deterioro de los ingresos de determinados hogares y las dificultades del mercado laboral. La combinación de ingresos insuficientes y mayores costos de bienes y servicios reduce la capacidad de las familias para sostener su nivel de vida.
Distintos organismos y especialistas sostienen que la medición oficial podría subestimar la magnitud actual de la pobreza. La consultora Equilibra estima, aplicando correcciones metodológicas, una pobreza del 44,9% durante el primer semestre. La Universidad Nacional de Moreno calcula un 44,1%, mientras que el CEPA proyecta alrededor de 40%, cifra que podría elevarse al 43% si se incorpora una actualización de la canasta utilizada para determinar el umbral de pobreza.
Estas cifras no constituyen una medición oficial alternativa única, sino estimaciones elaboradas a partir de diferentes criterios de corrección. Por eso no deberían presentarse como si fueran equivalentes entre sí ni como una cifra definitiva de pobreza.
Entre los cuestionamientos aparece la antigüedad de los patrones de consumo utilizados para construir la Canasta Básica Total. Los especialistas citados plantean que una actualización de esos patrones podría modificar el ingreso necesario para superar la línea de pobreza.
También se señala como problema la medición de los ingresos mediante la Encuesta Permanente de Hogares, particularmente en períodos de inflación elevada, y las dificultades para captar determinados ingresos de los hogares. A esto se agrega, según el CEPA, la evolución de los ingresos de los trabajadores no registrados.
De acuerdo con el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, existe un componente estructural asociado con problemas persistentes de empleo, salarios, productividad, educación, vivienda, servicios básicos y protección social.
En este sentido, una eventual desaceleración de la inflación podría mejorar los indicadores de pobreza monetaria si permite recuperar el poder adquisitivo, pero no necesariamente resolvería las condiciones que reproducen la pobreza a largo plazo.
Las transferencias sociales aparecen como otro elemento significativo. Según las simulaciones citadas, sin la AUH, otros programas de transferencias y las pensiones no contributivas, la indigencia podría ubicarse entre el 14% y el 15%, aproximadamente el doble del registro oficial mencionado.
Los datos etarios muestran diferencias importantes. La pobreza alcanza al 44,5% de los menores de 14 años, al 36,9% de las personas de 15 a 29 años y al 28,8% de los adultos de 30 a 64 años.
La brecha muestra que la pobreza no afecta de manera uniforme a toda la sociedad. La infancia concentra una incidencia significativamente mayor que el promedio general, lo que convierte al problema en una cuestión no solo de ingresos presentes sino también de oportunidades futuras.
- La pobreza oficial aumentó: pasó del 28,2% al 32,3%.
- La indigencia también creció: pasó del 6,3% al 7,5%.
- La infancia presenta una incidencia mucho mayor: 44,5% de los menores de 14 años se encuentran bajo la línea de pobreza.
- Existe una fuerte discusión metodológica: distintas estimaciones alternativas ubican la pobreza entre el 40% y el 44,9%, dependiendo de las correcciones aplicadas.
Los indicadores oficiales muestran que la reducción de la pobreza registrada en períodos anteriores se interrumpió y dio paso a un nuevo aumento.
Al mismo tiempo, el debate sobre la metodología introduce una segunda dimensión: aun cuando el dato oficial ya evidencia un deterioro significativo, diferentes especialistas sostienen que la magnitud del problema podría ser mayor.
La discusión excede así el número puntual de un semestre. El desafío consiste en determinar si el deterioro es transitorio —vinculado principalmente con inflación e ingresos— o si expresa nuevamente dificultades estructurales relacionadas con empleo, salarios, informalidad, educación, vivienda y acceso a servicios.
Las cifras presentadas muestran un escenario social más complejo: la pobreza vuelve a crecer, la indigencia aumenta y la infancia continúa concentrando los niveles más elevados de vulnerabilidad.

