En el Congreso se realizó un pedido de informes, impulsado por el diputado nacional Esteban Paulón, reclamando precisiones sobre si Angeletti integró formalmente la delegación, quién solventó su traslado y alojamiento, qué rol cumplió durante la visita y si se analizaron posibles incompatibilidades o conflictos de interés. El planteo tomó fuerza luego de que, en un primer momento, trascendiera que la esposa de Adorni se encontraba en Nueva York por motivos personales y que no formaba parte de la comitiva oficial.
Sin embargo, en declaraciones televisivas posteriores, Adorni confirmó que Angeletti efectivamente abordó el ARG-01 desde Buenos Aires. Según explicó, su esposa ya tenía previsto viajar a Estados Unidos con un pasaje comprado, pero el itinerario cambió y Presidencia la invitó a acompañarlo “porque no había otra forma”. En ese contexto, justificó la decisión con una frase que amplificó la polémica: “Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que me acompañe”.
La controversia se produce, además, en un contexto particular: hace pocos días la Jefatura de Gabinete modificó el régimen de viajes oficiales al exterior, estableciendo que las comitivas deberán quedar limitadas a un máximo de un funcionario por evento o actividad internacional, salvo justificación expresa para incorporar más integrantes. La norma fue presentada por el Gobierno como parte de una política de simplificación administrativa y optimización de recursos.
La opulencia del viaje dejó al desnudo una vez más que es difícil resistirse al archivo. En el caso de un vocero presidencial devenido en jefe de Gabinete, mucho más. En agosto de 2024, el propio Adorni fue el encargo de anunciar, como vocero, la entrada en vigencia del decreto 712/2024, firmado por Milei en agosto del año pasado, que limitar el uso de los aviones del Gobierno.
En esa época, se habían filtrado los viajes que la exprimera dama Fabiola Yañez había realizado precisamente en el avión presidencial. “Cuando utilizás para beneficio personal cuestiones del Estado, estás abusando de tu posición de poder”, había dicho Adorni. La paja, siempre, en el ojo ajeno.
No fue la primera vez que lo hizo. Un repaso por los viejos tuits del funcionario –cuando todavía no usaba el “FIN” para cerrar sus posteos– dan cuenta, por ejemplo, de su desprecio por el empleo público:
*“País inviable: dícese de la brecha existente entre el empleador (que siente que su costo laboral es el más alto del mundo) y el empleado (que siente que su sueldo es el más bajo del mundo), la cuál se explica por la mera existencia del Estado que hace de todos, ciudadanos pobres”, escribió el 2 de enero de 2019.
*“Al empleado de Estado no se lo puede echar, muchas veces gana más que un empleado privado y en general su productividad nula. Todo esto genera un costo adicional. Parte de este costo lo debería afrontar el propio empleado en favor del trabajador privado”, posteó el 1 de marzo de 2019.
*“País inviable: dícese de la brecha existente entre el empleador (que siente que su costo laboral es el más alto del mundo) y el empleado (que siente que su sueldo es el más bajo del mundo), la cuál se explica por la mera existencia del Estado que hace de todos, ciudadanos pobres.”, siguió en mayo de ese mismo año.
*“El estado nacional gasta 16 millones de pesos por minuto (267.000 pesos por segundo). Con esto logramos llegar al 50% de pobreza, al 11% de indigencia, a tener una inflación sin control y por sobre todo, a que 25 millones de personas dependan de un cheque público. Saludos.”, posteó el 31 de marzo de 2021.
*“Es hermoso vivir del Estado. Más aún cuando lo mantienen los demás…”, posteó con con fecha del 21 de abril de 2017.
Página/12 reveló en su momento que Adorni había sido él también empleado público –más bien, un ñoqui– del Ministerio de Cultura durante el gobierno de Cambiemos, algo que había intentado ocultar. La paja, siempre, en el ojo ajeno.

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