
El eje del conflicto es el incumplimiento del gobierno de la Ley de Financiamiento Universitario. El año pasado, la ley fue aprobada por el Congreso, pero el Poder Ejecutivo la vetó. El Congreso hizo caer este veto y la ley quedó firme, pero el gobierno igual no la cumplió. El tema fue llevado a la justicia, donde un fallo judicial favoreció a los docentes y ordenó al gobierno nacional pagarles un aumento salarial acorde a lo que perdieron por la inflación -es decir, un 51 o 52 por ciento de aumento-. El gobierno se niega a cumplirlo.
En su lugar, mandó al Congreso un nuevo proyecto para modificar la norma original. Esta nueva norma propone reemplazar el aumento del 51% o 52% por un incremento de solo el 12,3% en tres cuotas, cuya última instancia se cobraría recién en septiembre, desconociendo así toda la deuda salarial de 2024.
El paro nacional convocado para la semana del 16 al 20 de marzo muestra una unidad de acción entre distintas organizaciones, aunque con matices en sus modalidades:
AGD UBA (Asociación Gremial de Docentes de la UBA), que se encuadra dentro de la Conadu Histórica es el gremio que votó las protestas más duras. En sus asambleas de base, los docentes aprobaron masivamente un paro por tiempo indeterminado.
El 16 de marzo iniciarán la medida con cortes de calle y volanteadas, y el día 19 realizarán una asamblea general para definir la continuidad de sus medidas.
Es decir, no está definido aún si efectivamente harán un paro por tiempo indeterminado, ya que la Conadu Histórica (la federación nacional a la que pertenece AGD UBA) no aprobó esa medida de máxima, sino coordinar las medidas semanales.
Por otra parte, la Conadu (Federación Nacional de Docentes Universitarios) también se sumará al paro nacional de la semana del 16. Así, dos de las federaciones más grandes del país coincidieron en el cese de actividades.
El plan de lucha para los próximos días se estructura de la siguiente manera: En la semana del 16 al 20 de marzo habrá un paro total de de las actividades docentes en las universidades, pero con actividades de visibilización en todas las sedes: volanteadas, clases abiertas, manifestaciones.
“Hay mucha bronca en la universidad, hay docentes que ya no quieren volver a las aulas. Y es que un ayudante de primera con dedicación simple y diez años de antigüedad gana menos de 250 mil pesos mensuales. Yo misma, con treinta años de antigüedad, cobro 300 mil por mi cargo de 10 horas”, señala Laura Carboni, la titular de AGD UBA. Agrega que un profesor con dedicación exclusiva -lo que le impide tomar otros empleos- no supera el millón trescientos mil pesos, es decir que apenas cubre la línea de pobreza. Esta es la asfixiante realidad salarial de los docentes universitarios, el motivo por el que el 16 de marzo no volverán a las aulas.
Fuente: Pagina 12
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